El decálogo del buen uso de Internet

Uno de los consejos que nunca nos cansaremos de dar a los padres de niños y adolescentes es la supervisión que debemos realizar respecto a las actividades de nuestros hijos al usar Internet.
El sitio español "Chaval.es" tiene publicado un "decálogo del buen uso de Internet para niños, adolescentes y mayores". A continuación, lo transcribimos:

DECÁLOGO CHAVALES PARA PADRES/MADRES SOBRE EL BUEN USO DE INTERNET
1. El buen uso del tiempo: acordad un código familiar de uso de Internet que controle los tiempos que toda la familia pasa delante del ordenador. Es aconsejable ubicar el ordenador en una zona que quede a la vista. Si el equipo está en la habitación del niño o la niña podría conectarse durante la noche, o sin su permiso, y enfrentarse a situaciones de riesgo sin ningún adulto que le aconseje.

2. Compartir con ell@s tiempo e información: disfrutad de Internet en su compañía. Animad a vuestr@s hij@s a compartir sus experiencias en Internet fomentando la comunicación fluida y un diálogo. Enseñadles a confiar en su intuición, animándoles a que informen a las personas adultas de todo lo que les haga sentir incómodos, les desagrade o les ofenda.

3. El Respeto: fomentad el espíritu crítico ante la red. Explicad a los chic@s que la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal se aplica también en Internet. Enseñadles a respetar a otras personas cuando estén en línea. Aseguraos de que entienden que las reglas del buen comportamiento no cambian por el hecho de estar conectado a Internet, delante de un ordenador.

4. Confidencialidad y protección de la identidad: recordad a vuestros hij@s que nunca deben proporcionar información personal como la edad, dirección ó número de teléfono a través de Internet, salvo que se trate de compras o gestiones con una entidad o empresa de confianza y siempre con la supervisión de los padres. Si tus hij@s visitan salas de chat, utilizan programas de mensajería instantánea (IM) , videojuegos en línea u otras actividades en Internet que requieren un nombre de usuario para identificarse, ayúdales a elegir dicho nombre de usuario y asegúrate de que éste no revela ningún tipo de información personal.

5. Comunicación con otros padres y madres: estableced normas comunes, compartid información sobre contenidos de interés, medidas de seguridad, etc. Decidles a vuestr@s hij@s que nunca deben intentar conocer en persona a amigos a los que conocen en línea. Explícadles que los amigos que tratan en línea pueden no ser quienes dicen que son.

6. Descargas ilegales: haced hincapié en la obligación de respetar la propiedad de otras personas cuando se conecten. Explícadles que hacer copias ilegales del producto del trabajo de los demás (música, videojuegos y otros programas) es igual que robarlo en una tienda.

7. Tiempo para todo: ayudadles a distribuir su tiempo libre. Aseguraos de que vuestr@s hij@s no convierten el ordenador o los videojuegos en sus únicos amigos: no puede sustituir las relaciones interpersonales.

8. Grabad lo que escriben: controlad la actividad en línea de vuestr@s hij@s con software de Internet avanzado. El control parental puede ayudarle a filtrar los contenidos dañinos, supervisar los sitios que visitan y saber qué hacen en ellos. Una buena medida puede ser la instalación de programas que graben sus conversaciones. Hay técnicas de hacker para padres y madres como el Chat Controller 1.1.0 que puede descargarse desde este enlace y dispositivos como el Keyghost USB Keylogger.

9. Seguridad del equipo: tened cuidado con los correos electrónicos y sus archivos adjuntos cuando no se conoce al remitente. Recalcad que no se deben abrir los correos sospechosos, es una buena manera de proteger nuestro equipo.

10. Alerta: ante cualquier indicio de actividad ilegal podéis recurrir al Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil. Para temas específicos que atenten contra los derechos de los menores, los portales www.protegeles.com, www.noalapornografiainfantil.com y www.asociacion-acpi.org ofrecen un sistema de denuncias on-line.

Fuente: http://www.chaval.es/decalogo.jsp

Algunas ideas para tener en cuenta

Hace unos días conversábamos con un grupo de padres y se nos ocurrió hacer una lista sobre algunas ideas para tener en cuenta. Quisimos compartirla con otros padres, así que aquí la publicamos:
• Conocer el círculo de amistades de nuestros hijos y los lugares que frecuentan
• Tratar de establecer contacto, al menos telefónicamente o por mail, con los padres de los amigos de nuestros hijos
• Tener los teléfonos de los amigos de nuestros hijos y sus padres para poder instrumentar una cadena telefónica en caso de urgencia
• Estar atentos a los cambios que presentan nuestros hijos, ya sea en sus costumbres alimentarias, vestimenta, horarios, etc.
• En caso de bailes y salidas, verificar cómo será el regreso a nuestro hogar y, en lo posible, ir a buscarlos o esperarlos despiertos para poder evaluar el estado de lucidez que presentan al regresar
• En caso de que pernocten fuera de nuestro hogar, contactarnos con la familia que los alojará y confirmar los horarios e intercambiar teléfonos
• Tener claro qué límites pondremos a sus actividades. Conversar con ellos y, sobre todo, ser los primeros en respetar las normas que establecemos.
• Recordar que la transmisión de límites comienza en la temprana infancia.
• En la transgresión está el placer; tener en cuenta que debemos dejar un espacio que posibilite también una cuota de transgresión, lo que evitará futuros descontroles en la adolescencia.
• Firmeza y cariño pueden ir de la mano. La flexibilidad debemos ejercitarla en la etapa previa a transmitir una decisión.
• No minimizar la problemática actual que rodea a jóvenes y adolescentes: a nuestros hijos TAMBIEN les puede pasar.
• El compromiso con nuestros hijos no se agota con su crecimiento; generar redes de padres, conocer el entorno, facilitar el contacto con otros padres y ocuparnos también es brindarles amor, atención y libertad

Energizantes... ¿o estimulantes?

En los últimos tiempos hemos visto como se han instalado varias marcas de bebidas “energizantes” en el mercado. También podemos reconocer que su consumo prolifera especialmente entre los jóvenes, ya sean solos o mezclados con distinto tipo de bebidas alcohólicas.
¿Qué son los “energizantes”? Se trata, en realidad, de estimulantes, ya que presentan una altísima concentración de cafeína, un estimulante del sistema nervioso por excelencia, que no es exactamente lo mismo. Muchos de ellos carecen en su composición de suplementos que resulten directamente beneficiosos para la nutrición y la salud. También hay que diferenciarlos de las bebidas deportivas, que sí cuentan con una composición idónea para reponer minerales y otros elementos a quienes realizan prácticas de alta competición.
Uno de los argumentos de marketing que se utiliza para promocionar estas bebidas es que son capaces de proporcionar vitalidad y energía en forma inmediata, a tal punto que incluso alguno “te da alas”. El componente más importante que poseen es la cafeína, un estimulante del sistema nervioso que, bebido en altas dosis, también provoca dependencia física y psíquica.
Podemos decir que estas bebidas son “desfatigantes”, en lugar de “energizantes”: no impiden que se produzca la fatiga, sino que hacen que quien las toma NO SIENTA CANSANCIO. Como vemos, es diferente, porque el organismo se cansa, pero la cantidad abrumadora de cafeína que recibe impide que el cansancio se perciba. Y el cansancio es una señal de alarma del organismo para inducir al descanso. Si esta señal falta, el organismo es engañado.
Para el investigador en epidemiología psiquiátrica del Conicet, Hugo Míguez, "las energizantes son sólo el principio para la adicción a otras sustancias". El riesgo no sólo reside en su toxicidad farmacológica (combinadas con alcohol o con anfetaminas pueden afectar el sistema cardiovascular) sino en la toxicidad del estilo de vida que les están imponiendo a los adolescentes y los jóvenes. "Implican una propuesta de aceleración, descontrol y rendimientos anormales, que está impulsada por un mercado de adultos que buscan lucro".
Obviamente, los fabricantes de estas bebidas sostienen que no tienen efectos adversos y que “neutralizan” la borrachera. Lo cierto es que estas bebidas impiden que la sensación de fatiga se presente, por lo tanto quienes las consumen no se percibe cansado ni aletargado. Esto posibilita que se continúe con la ingesta alcohólica en dosis mayores a quien no combina con una bebida de este tipo. Muchos de los casos de coma alcohólico se dan propiciados por estas circunstancias.

El marketing engañoso dirigido a nuestros hijos jóvenes pretende convencerlos que estas bebidas proporcionan vitalidad y energía en forma inmediata. Nosotros, como padres, tenemos que tener claro que NO SON BEBIDAS ENERGIZANTES, ya que ninguno de sus componentes ofrece beneficios suplementarios para la nutrición y la salud que redunde en un aporte mayor de energía al organismo. Leamos la composición química en sus envases: si el principal componente es la cafeína, tendremos la certeza que se trata de un estimulante.
Tengamos en cuenta los transtornos por la mezcla de bebidas energizantes y alcohol:Cuando se ingiere bebidas energizantes con alcohol no se percibe la sensación de cansancio físico y mental, provocando deshidratación grave y sobreesfuerzo del corazón porque se ocultan las señales de fatiga del cuerpo, ocasionando graves trastornos cardiológicos, como hipertensión, infarto de corazón y muerte súbita.
Las bebidas energizantes neutralizan los efectos depresores del alcohol, enmascarando los síntomas de la borrachera. De esta manera los jóvenes continúan bebiendo alcohol pudiendo llegar a una intoxicación peligrosa sin darse cuenta.

Alcohol, la droga adolescente

Este es uninforme que realizó el programa Telenoche de Canal 13. Quizá tuviste oportunidad de verlo cuando se transmitió. Sino, haciendo click en cada link podés ver cada parte completa.

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El rol de la escuela en el desarrollo de una red de padres

Si tenemos en cuenta que nuestros hijos, hasta los 17 o 18 años, pasan aproximadamente una tercera parte del día en la escuela o realizando actividades vinculadas a ella, no hay forma de pensar una red de concientización y prevención sin la inclusión de la institución educativa.
La escuela y los padres tenemos que aunarnos en el esfuerzo por prevenir el uso y abuso de alcohol y drogas. La escuela, además, puede brindar el espacio físico que posibilite el desarrollo de diversas actividades que permitan que una red se transforme en una realidad: surgimiento de líderes y representantes, desarrollo de talleres de información y capacitación, reuniones, etc. Conformar una red no es únicamente generar reuniones y encuentros, pero sólo la escuela tiene las posibilidades y el poder de convocatoria que permitan que los encuentros sean posibles en un ámbito común y conocido.
La escuela previene a través de la educación, para lo cual sus docentes deben conocer los aspectos más relevantes del tema de las adicciones, para poder realizar una transmisión adecuada de información, pero también previene a través de la observación, para poder detectar signos que puedan ser indicadores de consumo de alcohol o drogas.
Si bien un diagnóstico debe ser realizado por un profesional de la salud, resulta factible informar al docente sobre qué signos, síntomas o conductas de los alumnos deben alertarlo. El docente puede ser, en muchos casos, quien primero detecte estas situaciones y ponga en marcha los mecanismos necesarios para que la familia tome conocimiento de una posible situación de adicción.
Asimismo, la escuela como propiciadora de encuentros que permitan brindar información sobre el tema a los padres y a los docentes, genera nuevas posibilidades de concientización en aquellos padres que aún no se han percatado sobre la situación actual y la proliferación de la oferta y el consumo de distintos tipos de sustancias adictivas.
La búsqueda de un discurso común entre padres y la institución educativa debe ser un objetivo que permita definir posiciones y generar nuevos y mejores mecanismos de contención social. La familia y la escuela comparten valores e identificaciones y por ello deben trabajar en forma mancomunada en materia de concientización y prevención de adicciones.

Algunos datos que tenemos que conocer sobre el alcohol y el éxtasis

Alcohol
El alcohol es la droga más consumida en nuestro entorno sociocultural, de la que más se abusa y la que más problemas sociales y sanitarios causa (accidentes de tráfico y laborales, malos tratos, problemas de salud, alcoholismo, etc.).
Es un depresor del sistema nervioso central que adormece progresivamente el funcionamiento de los centros cerebrales superiores, produciendo desinhibición conductual y emocional. No es un estimulante, como a veces se cree: la euforia inicial que provoca se debe a que su primera acción inhibidora se produce sobre los centros cerebrales responsables del autocontrol. Las bebidas alcohólicas se clasifican básicamente en dos grupos, en función de su proceso de elaboración:

  • Bebidas fermentadas: Proceden de la fermentación de los azúcares contenidos en diferentes frutas (uvas, manzanas, etc.) Son característicos de este grupo la cerveza, la sidra y el vino. Su graduación alcohólica oscila entre 4º y 12º. Su descubrimiento fue casual, como resultado de la putrefacción natural de frutas almacenadas.
  • Bebidas destiladas: Resultan de la depuración de las bebidas fermentadas, para obtener mayores concentraciones de alcohol. Se trata de bebidas como el vodka, la ginebra o el ron, y oscilan entre 40º y 50º. La destilación fue inventada en el siglo VII por los alquimistas árabes, de quienes procede le nombre de la sustancia al-kohl.

Los efectos del alcohol dependen de diversos factores:

  • La edad (beber alcohol mientras el organismo todavía se encuentre madurando es especialmente nocivo)
  • El peso (afecta de modo más severo a las personas con menor masa corporal)
  • El sexo (por factores fisiológicos, la tolerancia femenina es, en general, menor que la masculina)
  • La cantidad y rapidez de la ingesta (a más alcohol en menos tiempo mayor intoxicación)
  • La ingestión simultánea de comida (el estómago lleno, sobre todo de alimentos grasos, dificulta la intoxicación)
  • La combinación con bebidas carbónicas (tónica, Coca-Cola, etc.) que aceleran la intoxicación

En función de la dosis, pueden experimentarse diversos efectos:

  • Desinhibición
  • Euforia
  • Relajación
  • Aumento de la sociabilidad
  • Dificultades para hablar
  • Dificultad para asociar ideas
  • Descoordinación motora

Efectos fisiólogicos: Los efectos del alcohol dependen de la cantidad presente en la sangre (tasa de alcoholemia, medida en gramos por litro de sangre):

  • 0.5 g/l: euforia, sobrevaloración de facultades y disminución de reflejos
  • 1 g/l: desinhibición y dificultades para hablar y coordinar movimientos
  • 1.5 g/l: embriaguez, con pérdida del control de las facultades superiores
  • 2 g/l: descoordinación del habla y de la marcha, y visión doble
  • 3 g/l: estado de apatía y somnolencia
  • 4 g/l: coma
  • 5 g/l: muerte por parálisis de los centros respiratorio y vasomotor

Las patologías que pueden tener relación con el abuso de alcohol son:

  • Músculos: miopatía aguda o crónica
  • Sistema Nervioso: polineuropatía alcohólica, neuritis óptica, encefalopatía de Wernicke, psicosis de Korsakov
  • Estómago/Esófago: gastritis crónica y aguda, reflujo gastroesofágico, pirosis y vómitos, carcinoma esofágico
  • Cardiovascular: hipertensión arterial, arterioesclerosis, miocardiopatía alcohólica
  • Hígado: esteatosis hepática, hepatitis alcohólica, cirrosis alcohólica
  • Páncreas: pancreatitis aguda y crónica
  • Intestino: Deficiencias nutricionales, cuadros diarreicos y de mala absorción
  • Genitales: disminución de la libido, impotencia, atrofia testicular, infertilidad

El alcohol actúa 'inhibiendo al inhibidor' de tal forma que cuando se actúa bajo sus efectos es muy probable que no se adopten las medidas preventivas al tener relaciones sexuales (uso de preservativo), con lo cual aumenta el riesgo de infección por el VIH. El consumo de alcohol está asociado a conducción temeraria e imprudente, por lo que muchos accidentes de tráfico se deben a que los conductores habían bebido por encima de los niveles tolerados por las leyes. También se asocia con reacciones violentas.

Éxtasis

El nombre químico del éxtasis es MDMA o metilendioximetanfetamina, aunque las pastillas de la calle suelen estar adulteradas con otras sustancias como el MDA o MDEA que son muy peligrosas. Pertenece a la familia de drogas estimulantes.

Dan lugar a una experiencia mixta entre la estimulación y la percepción alterada, por lo que se las ha comparado con una mezcla de anfetaminas y un alucinógeno llamado mescalina.

Entre sus efectos psicológicos podemos destacar:

  • Sociabilidad
  • Empatía
  • Euforia
  • Sensación de autoestima aumentada
  • Desinhibición
  • Deseo sexual aumentado
  • Locuacidad
  • Inquietud
  • Confusión
  • Agobio

Entre los efectos fisiológicos, tenemos:

  • Taquicardia, arritmia e hipertensión
  • Sequedad de boca
  • Sudoración
  • Contracción de la mandíbula
  • Temblores
  • Deshidratación
  • Aumento de la temperatura corporal (hipertermia)

Hay personas que son especialmente sensibles al éxtasis y hasta una dosis muy pequeña puede producirles consecuencias muy graves, e incluso desencadenar la muerte.
Si se mezcla con alcohol, el riesgo de sufrir una mala reacción aumenta enormemente; es potencialmente mortal en caso de padecerse hipertensión, problemas de corazón, epilepsia, asma o se está cursando un embarazo o tomando antidepresivos.

Su consumo también puede provocar crisis de ansiedad, trastornos depresivos o desencadenamientos psicóticos.


Los riesgos asociados al consumo de éxtasis en los ambientes congestionados en los que a menudo tiene lugar, y bajo las condiciones de baile intenso a los que se asocia, suele provocar:

  • Aumento severo de la temperatura corporal (hipertermia maligna)
  • Arritmia
  • Convulsiones
  • Insuficiencia cardiaca
  • Coagulopatía
  • Hemorragias, trombosis e infartos cerebrales
  • Insuficiencia hepática

Pensando en la "adicción"

No todo consumo, no todo apego a una sustancia, a un objeto o a una conducta, es una adicción.
Determinar si alguien es un “adicto”; debatir sobre si se trata de una enfermedad, un síndrome, un síntoma; discutir sobre cuál es el mejor tratamiento, son algunas de las cosas que se realizan en ámbitos profesionales, distintos al que proponemos aquí y ahora.
Lo que hoy proponemos preguntarnos es: ¿cuál es nuestro rol, como padres, frente a un hecho social que crece más allá de la geografía y de las condiciones socio-culturales? No es cuestión de realizar sólo un análisis filosófico de la situación actual, sino de pensar qué podemos hacer, como padres, para entender mejor esta situación y para que nuestros hijos elijan conductas que no sean autodestructivas.
No desde la punición o el castigo, no desde la prohibición, pero sí desde la concientización y la generación de un espacio donde nuestros hijos tengan opciones para elegir.
Por eso la prevención, tal vez, está más relacionada con nuestra implicación como padres y con el amor, de lo que nosotros suponemos.
Claro que, para prevenir, tenemos que saber qué es lo que queremos prevenir. Por eso iremos incorporando al blog información relacionada con el consumo de distintas sustancias, combinaciones y nuevas costumbres en relación al tema.
Pero es importante desterrar la idea de que “las adicciones” o “la toxicomanía” es un monstruo que está afuera, asechando, contra el que no podemos hacer nada. No es cierto, hay mucho que podemos hacer. Y lo más importante es descubrir que no cualquiera se convierte en un adicto. Una persona que depende del alcohol o de la droga es alguien que ya ha recorrido un camino largo, que tiene que ver con su identidad, con su lugar dentro de una familia y dentro de la sociedad, con los límites y con el respeto por las normas.
La identidad es un proceso, una construcción. Nadie “adquiere” su identidad de un día para el otro. Como padres, somos protagonistas de la construcción de la identidad de nuestros hijos. No es un proceso que se inicie con el nacimiento, sino que se inicia desde el momento mismo que nos imaginamos la posibilidad de tener un hijo, desde el momento que le hacemos un lugar en nuestras vidas a ese hijo que aún no existe en el mundo material.
A pesar de que nuestros hijos crezcan, nuestra función de padres continúa. Crecen nuestros hijos y nosotros, como padres, tenemos que crecer también. No dejamos de ser padres porque nuestros hijos sean más grandes. Por eso, tenemos que poder hacernos un lugar para instalar preguntas que tengan que ver con esa función que estamos desempeñando:
· ¿Cómo estamos acompañando a nuestros hijos en el proceso de construcción de su identidad?
· ¿Sabemos establecer normas de convivencia claras en nuestra familia?
· ¿Cómo funcionan los límites en nuestro hogar? ¿Sabemos poner límites claros?
· ¿Tenemos un diálogo profundo con nuestros hijos?
· ¿Estamos al tanto de sus actividades, proyectos, miedos, dudas, temores, angustias?
· ¿Somos personas confiables para nuestros hijos?
La droga aparece como algo que apacigua el dolor de vivir, aunque su apariencia sea distinta. El alcohol y las drogas presentan una primera manifestación que tiene que ver con lo placentero, con la desinhibición, con la “alegría”, como una solución mágica. Pero detrás de todo eso está el “desconectarse”, el “olvidarse de los problemas”. NO NOS ENGAÑEMOS, acá no hay distinciones sociales, lo único que cambia son los precios de las sustancias que se consumen (“tetra”, cerveza, “paco”, marihuana, vodka, energizantes, éxtasis, 007, popper, cocaína, etc.). Lo que tenemos que plantearnos es de qué quiere olvidarse un adolescente cuando consume para entender qué podemos proponerles en lugar de la evasión.
Creo que también se trata de pensar qué valores estamos forjando y trasmitiendo a nuestros hijos.
Dejá tu opinión en el libro de visitas; proponé temas de discusión a través del foro.

¿Por qué necesitamos formar una red de padres?

Porque la combinación de pastillas y alcohol, pastillas y energizantes, energizantes y alcohol, marihuana, cocaína, paco, popper, 007, etc., ponen en riesgo la vida de nuestros hijos. Como padres, no podemos esperar sólo la ayuda del Estado: tenemos que tomar conciencia que somos los primeros responsables. Pero, también sabemos que actualmente no resulta fácil ponerle freno al desenfreno que se viene gestando desde hace ya varios años y que responde a un negocio que hacen otros.
Como padres, y ante esta situación: ¿qué esperamos? ¿una remisión espontánea?
Puede parecer que solos no podemos. Y si solos no podemos, necesitamos buscar apoyo entre otros padres con idénticas inquietudes. Y si hay padres que todavía no han tomado conciencia de la situación, tenemos que ayudarlos a ver qué está pasando y el riesgo de vida que implica para nuestros hijos.
La palabra “red” tiene muchos significados distintos. En este contexto propongo entenderla como un conjunto de personas e instituciones intercomunicadas entre si, con objetivos claros: la concientización, prevención, detección y toma de decisiones respecto a distintos aspectos de un tema que ya se ha instalado entre nosotros y ha cobrado muchas vidas.
Entiendo que la “red” es el dispositivo ideal para cumplir con estos objetivos: ponernos en contacto con otros padres para compartir información, ayudarnos a detectar distintos caminos de acceso a los estupefacientes, detectar casos concretos de consumo y ayudarnos en la toma de decisiones concretas cuando el caso se presenta en nuestros hogares.
En los últimos tiempos hemos visto que varios adolescentes fallecieron como consecuencia de mezclas letales. Esos hechos me movieron a pensar que no podemos perder una sola vida más, y, para eso, la alternativa es involucrarnos, informarnos, participar y comprometernos.
Una red también es un espacio donde encontrarnos (aunque sea virtualmente), donde buscar protección y contención, donde sugerir nuevas propuestas. Cada persona diferente que se acerca con propuestas aporta un mundo nuevo de ideas y relaciones y nos enriquece. Nuestros hijos lo merecen.